miércoles, 10 de junio de 2009

EL NUEVO VIEJO COMPROMISO DEL CINE DOCUMENTAL LATINOAMERICANO


El cine documental en América Latina celebró en Caracas Venezuela el primer “Encuentro de Documentalistas Latinoamericanos del Siglo XX” entre los días 4 al 8 de noviembre de 2008, este evento rememora otro encuentro que se llevo a cabo en Mérida en el año de 1968, son 40 años que los separan pero que no se han desligado de la carga conceptual y de compromiso que adquirieron los documentalistas de crear un cine independiente y socialmente comprometidos con la realidad de nuestro continente. Aunque el primer encuentro se dio en Viña del Mar, Chile en 1967, no tuvo la misma importancia del de Mérida 68, que fue el inicio formal del Nuevo Cine Latinoamericano. El 68 fue un año de grandes movimientos sociales en distintas latitudes y el cine Latinoamericano no estaba exento de generar su cuota en la historia.

De 1968 al 2008 han pasado muchas cosas, pero ahí estaban los documentalistas con su compromiso de mantener la memoria de los pueblos, en su lucha desaparecieron varios de estos artistas, los 70 y 80 fueron épocas oscuras donde se dieron golpes de estado y dictaduras que intentaron quitar la luz que proyectaba una nueva América, en este oscurantismo grandes cineastas perdieron su vida, como Raymundo Gleizer desaparecido en 1976 y Jorge Cedrón asesinado en 1980, ambos argentinos víctimas de la dictadura; pero la persecución se dio a todos los cineasta, muchos de los cuales debieron buscar el exilio, otros se quedaron en sus países con el riesgo de ser exterminados. Ahora, en Caracas, los cineastas se volvieron a encontrar para dejar en claro que la cesura, la persecución y el exterminio no los ha diezmado, que en la memoria del cine los que dieron la vida por el movimiento no han muerto, sus ideales están en sus películas. Las dictaduras han caído, pero la persecución en el período de la democracia se ha mantenido, en Colombia, por ejemplo, la política de señalamiento del gobierno ha puesto en peligro la vida de los realizadores audiovisuales.

Marta Rodríguez, quien participó del encuentro de Mérida 68 y el nuevo de Caracas 2008, no ha olvidado los compromisos que adquirieron de un movimiento de cineastas que reflejen la realidad del pueblo latinoamericano, consecuentemente su obra ha mantenido una línea en derechos humanos, especialmente con las comunidades indígenas, pero no ha sido sólo ella, Jorge e Iván Sanjinés en Bolivia han realizado un trabajo similar en las comunidades indígenas. Marta, Jorge e Iván también han estado involucrados en la transferencia de sus conocimientos a las comunidades para que ellos mismo tomen su imagen y realicen sus propios documentales. En las conclusiones del encuentro del 2008 existen una serie de acuerdos que impulsaran el video indígena y la formación para realizadores de estos pueblos, una toma de consciencia, un poco tardía, pero adecuada que apoyará los canales de distribución de las producciones indígenas.

En el surgimiento de las nuevas realidades políticas de América es indispensable que surjan nuevas figuras del cine documental, otro compromiso del encuentro de Caracas que impulsará un encuentro de nuevos realizadores. Este objetivo llega en un momento que es indispensable pensar la nueva América, nuevas miradas, otros lenguajes, viejos y nuevos conflictos que no pueden pasar de ser percibidos. Es necesario apoyar a los jóvenes productores, pero sin dejar de mirar hacia atrás pues nuestras historia no es inmediata, es de larga duración; esto lo demuestra Fernando “Pino” Solanas que con “La Hora de los Hornos” (1968) mostró una radiografía de la Argentina que servía para toda las demás naciones, en el 2004 realiza “Memoria del Saqueo” que documentó la crisis económica de la Argentina del 2002, otra nueva radiografías que igualmente refleja la América del siglo XXI; Solanas nos enseña que las obras documentales no son independientes una de otra y el oficio del documentalista es un compromiso para toda la vida. De la misma forma, Marta Rodríguez muestra que el compromiso es por toda la vida y con su nueva producción “Testigos de un Etnocidio: Memoria de la Resistencia”, próxima a estrenarse, hace memoria de la violencia que ha golpeado a las comunidades indígenas, desde la masacre de Planas en 1970 en el Vichada, evento que dio como resultado el documental “Planas: Testigos de un Etnocidio” (1971). Apoyar la realización de un encuentro de documentalistas jóvenes debe ser inicio del paso de la bandera a los nuevos para seguir mostrando la América negada, pero como un compromiso para toda la vida, de la misma manera que lo hicieron los documentalistas en Mérida 68 cuando se fundo el Nuevo Cine Latinoamericano, refundado en Caracas 2008.

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